Su papel de Lealé en la obra famosa de Ansky "El Dibuk",
le valió elogiosas palabras por parte de los críticos
teatrales de Berlín y New York, quienes la calificaron
como una de las mas grandes interpretes del mundo. Algunos
productores teatrales la tentaron con importantes papeles
interpretativos, pero ella siguió fiel a su idea sionista
y fijo su residencia en Tel Aviv. Jana Rubina participo
y fue una de las fundadoras del teatro "Habima" y se transformo
en la primera figura del teatro israelí. Su imponente
figura, su voz profunda y especial y su tumultuosa vida
le dieron una fama de mujer de la cultura. Se transformo
en mito, mucho antes de su muerte.